El hombre es una especie biológica componente de la biosfera y como tal sujeta a las mismas regularidades de las demás.
Pensando en los valores humanos, a la consideración de "el hombre es un mono, pero es el único que sabe qué clase de mono es" podriamos añadir que sería interesante que conociera también las leyes ecológicas, y le será difícil de lograr si no se preocupa de conservar los ecosistemas naturales. Gran parte de ellos se han formado durante años de evolución, de manera que su destrucción podría ser cosa de momentos, pero su recuperación tardaría tanto que serían prácticamente irrecuperables. El valor cientifico de la conservación es cada vez más defendido en la mayoría de los países. La Naturaleza no es algo puesto para nuestro servicio y dilapidación, sino que se rige por unas reglas. Una explotación demasiada intensa, sin tener en cuenta los mecanismos cibernéticos, ha conducido a la extinción de muchas especies. La denominada "limpieza del bosque" o destrucción del estrato arbustivo con las "buenas intenciones" de evitar incendios o de mitigar la competencia poe el agua, lleva aparejada la erosión del suelo, el cual es indispensable para el crecimiento de los árboles; la tierra fértil desaparece y el agua de lluvia se retiene mucho menos.
El hombre ha pasado de unas interrelaciones locales, con una parte pequeña de la biosfera, a unas interrelaciones totales. La estrategia del hombre ha cambiado y debe cambiar ineludiblemente, y lo ha hecho de la misma manera que cambia con el tiempo la de otros organismos en la sucesión. Va pasando de una fase de expansión y despilfarro a una fase de eficiencia.
La conservación tiene como objetivo fundamental pasar de la posición "lo importante es obtener un máximo rendimiento hoy" a la actitud de obtener un beneficio continuado a largo plazo.
El hombre está evolucionando, sobre todo su comportamiento y cultura, pero no debe actuar más rápidamente que su propia evolución y adaptación; por ello le interesa y promueve la conservación.
