Las interacciones más intensas entre organismos se dan en el parasitismo y la simbiosis. El hospedador es mucho mayor que el parásito o simbionte, que la amyoria de las veces son microorganismos, y constituye su medio ambiente.
Los parásitos obtienen energía del hospedador, pero no lo matan, lo debilitan. La mayoría de los animales viven cargados de parásitos y entre unos y otros se han desarrollado ciertas adaptaciones mutuas, de manera que su interacción tiende a un equilibrio en el que no se produce la extinción de ninguno de ellos.
Cuanto más antiguo en el tiempo es este sistema parásito-hospedador, menos síntomas perjudiciales presenta este último y esta interrelación puede llegar a evolucionar hasta un comensalismo o hasta una simbiosis. En algunas ocasiones el hospedador no solo no presenta ningún daño aparente, sino que es precisamente el parásito quien lo sufre.
Los parásitos se caracterizan por una actitud más bien pasiva, y tanto la morfología como el ciclo de la vida muestran grandes modificaciones como resultado de la evolución de un ecosistema tan particular.
Los ejemplos de interacción y coevolución más sofisticados los encontramos entre aquellos organismos que viven en simbiosis . De la relación trófica del comensal se llega a pasar a una explotación del simbionte.
La simbiosis es un fenómeno muy frecuente en aquellos animales que obtienen su alimento directamente del reino vegetal. Al no poseer la mayoría de ellos enzimas adecuadas para desdoblar ciertos polisacáridos que constituyen las membranas celulares de las plantas, tienen que recurrir al auxilio de microorganismos simbiontes que realizan esa labor en el tubo digestivo. Este tipo de simbiosis es necesario también para los animales hematófagos y para otros muchos a los que favorece mediante la síntesis de vitaminas u otros compuestos a cambio de compartir la papilla digestiva.
En las plantas, las relaciones simbióticas son también importantes. La mayoría presenta en sus raíces complicadas asociaciones con hongos que facilitan las conexiones entre las raíces y el transporte de agua a cambio de un poco de los productos elaborados de la planta. Muchas otras plantas presentan asociaciones con organismos procariotas capaces de asimilar nitrógeno atmosférico, sobre todo en suelos pobres en nitratos, bien en relación directa con el organismo o bien a través de hongos simbiontes.
LOS ARRECIFES DE CORAL:
Uno de los ecosistemas más interesantes que existen en la naturaleza es sin duda el de los arrecifes coralinos que se encuentran en los mares tropicales. Los arrecifes coralinos presentan una riqueza de organismos de todo tipo que, en principio, se pensó que se alimentaban gracias a las capturas de plancton que realizaban los pópilos por la noche.
Los estudios realizados por Odum vinieron a demostrar que la mayor parte de la producción primaria del mismo provenía de unas algas simbiontes en el interior de los pólipos. Posteriores estudios confirmaron que este tipo de algas realizaban una transferencia directa del material orgánico que sintetizaban a la estructura de los pólipos, manteniendo de está forma el consumo energético de los ecosistemas.
