Se habla de comensalismo cuando un organismo aprovecha el sobrante de la comida del patrón u hospedador, así como las mudas, descamaciones, excrementos, secreciones... Todos los animales se ven obligados a compartir su comida o sus provisiones con los comensales. Por ejemplo, en las cavidades de las esponjas se instalan pequeños crustáceos. Igualmete existen pequeños cangrejos que viven en la cavidad branquial de algunos lamelibranquios. En los hormigueros viven 2000 especies de mirmecófilos (asiduos a las hormigas, en gran parte coleópteros) de los que muchos son comensales aunque otros son depredadores y parásitos. Igualmente, los nidos de las aves y las madrigueras de los mamíferos albergan un importante número de comensales, en su mayoría saprófagos (sapro = prodigo; fago = comer)

A veces, en la utilización de los residuos se puede ver una acción beneficiosa para el patrón, con lo que el comensalismo se acerca a la simbiosis, y si la asociación no es íntima, se habla de mutualismo. La función más frecuente en un comensal en favor del hospedador es la de limpiador. Los ejemplos más interesantes que descubren una prolongada coevolución se dan en el medio marino.

Simultáneamente a la evolución de la función limpiadora se han debido desarrollar caracteres con los que los limpiadores son reconocidos como tales y no son agredidos.

Otras veces, la relación puede ser perjudicial para el patrón, como es el caso de los piojos. Vemos que la distinción entre comensal y parásito es difícil. Igualmente, en el tubo digestivo de la mayoria de los animales se encuentran diferentes tipos de comensales; algunos pueden llegar a ser perjudiciales, se habla entoces de parásitos, mientras que otros se intercalan en el metabolismo del patrón con efectos beneficiosos y se consideran simbiontes, siendo mutuos los efectos beneficiosos.